Inteligencia Artificial y Arte: 4 extraños escenarios de futuro

Todo el mundo está muy polarizado con lo de la IA en el arte. Unos dicen que nada nos salvará del armageddon si no paramos los pies a la máquina, y otros comentan que creará nuevo empleo. Muchos piensan: «el arte es una cosa de sentimientos, y como la IA no tiene de eso, estamos a salvo, ¿no?»

Es un tema complicado: si pensamos de forma superficial, pronto llegaremos a la conclusión de que la IA conseguirá costes de tiempo muy reducidos en el trabajo, con lo que cada producto o servicio se abaratará o incorporará nuevas facilidades para el consumidor. Pero por otro lado, es posible que las maquinas tengan muchas posibilidades a la hora de generar arte de forma similar a como lo hacemos los humanos; además, si lo logran, lo harán de forma automática, aunque por ahora no estamos en ese escenario.

La cuestión es que, en el área de la música, muchos influencers o youtubers te venderán que la IA ya es capaz de componer Lofi beats de calidad, o que puedes ganar mucho dinero vendiendo música pop o solos de guitarra super creativos con la IA. Pero lo cierto es que no es así. He estado checkeando varias tecnologías de este tipo en distintas reviews, y debo decir que lo que generan, si no es severamente intervenido por el ser humano, suena horripilante y carente de sentido. De hecho su mayor carencia está en la tímbrica, pero muchas veces también afecta a la melodía y la armonía.

Pero, ¿podrá la IA alcanzar un buen nivel de creatividad artística?

¿Y si realmente lo logra? ¿Y si lo hace sin llegar a sentir cosas más allá de su capacidad computacional de EMULAR emociones? ¿Llegaremos a desarrollar una «empatía tecnológica» cuando nos inserten un chip que aumente nuestra memoria u otras capacidades computacionales? Son preguntas que erizan la piel.

El caso es que se ha convertido en una especie de cliché encontrarse a un “experto” en IA comentando que la nueva tecnología no se cargará tantos puestos de empleo como se cree. “Será el ser humano quien la dirija tal y como se ha hecho siempre”. Con un acceso tan abierto a la robótica, el empleado promedio debería ganar más dinero trabajando menos que antaño, ¿no?

Algunos lo ven muy fácil, pero también hay quien ve el vaso vacío y nos sumerge en una distopía en la que la IA supondrá el fin de la empleabilidad. Para ellos, la tecnología acabará destruyendo el ecosistema laboral global, con lo que se acentuará la brecha entre ricos y pobres. Bueno, bueno: pareciera que NINGUNO de estos gurús fuera artista, porque no tienen NI UN GRAMO DE CREATIVIDAD.

Piénsalo un momento

¿Cómo imaginó el futuro Julio Verne? ¿Con ciencia? ¿Acaso con creatividad? NO. Con una suculenta mixtura de ambas 😏. Por suerte, en este blog somos del equipo creativo, asique imaginemos el futuro (ahora sí) con Inteligencia Artificial. Y es que, al menos por mi parte, puedo estrujarme la cocorota y plantearte 4 posibilidades que desde luego no han sido preguntadas a ChatGPT. Recuerda: hoy por hoy, para crear algo nuevo, el cerebro humano es una herramienta que no tiene competidores.

Y para poder establecer estas 4 posibilidades, partamos de la base de que no se destruirá empleo. No creo que sea la forma más precisa de pensar en el mercado laboral; con una mayor integración de la IA en la vida, los trabajos EVOLUCIONARÁN. Y sí, veremos a trabajadores concretos que pierdan puestos concretos, pero esto se deberá a su ausente capacidad de renovación. Además, muchos trabajadores descartarán la posibilidad de continuar en un trabajo si este se mecaniza al 100%. Pero hemos de pensar que lo normal tras la fase de mecanización es que cada trabajador de un nicho concreto parta con ventaja (en ese mismo nicho) frente a nuevos interesados a la hora de acceder a un cargo mecanizado.

¿Cómo se puede dar esta nueva era? Planos detalle

1 Ingenieros mecánicos para todo

En este primer plano, los seres humanos seremos operadores cualificados especializados en máquinas de uno u otro nicho. Transmitiremos a nuestra máquina una serie de comandos que implicarán opciones o detalles sobre el objeto o servicio a generar, como si de un test se tratara. En lo artístico, transmitiremos a la IA opciones sobre los componentes y la receta de la obra que imaginamos. Seremos entonces guías de aparatos más que artistas, en un mundo cuyos mercados cada vez necesitarán trabajar más rápido y vender productos artísticos más centrados en lo técnico y por lo general un pelín menos escorados hacia el componente emocional (logotipos, cartelería, o música para publicidad, música urbana bailable, chill ut, música para clases de yoga, etc).

Además de esto, prácticamente todos los trabajos (o tal vez el 100%) serán cosa de grúas y robots con capacidades de adaptación increíbles a cada superficie y labor, con lo que cada trabajador que hoy lleva a cabo un oficio de tipo manual se transformará en un ingeniero mecánico especializado en su propia área de robótica. El trabajo se convertirá en manejar robots, y muchas personas que hoy entienden su oficio como algo bonito y artesanal trabajarán a desgana. Cabe la posibilidad de que las depresiones sean cada vez más familiares para muchos, a pesar de que la sociedad haya alcanzado su máximo grado de funcionalismo e interconexión.

2 Humanos caros, robots baratos

Los cantantes de mayor nivel tendrán la capacidad de contratar a reputados productores que aún manejarán maquinaria clásica (teclados digitales y analógicos, plugins, daws, etc). En este plano detalle, la IA nunca será capaz, no solo de tener sentimientos reales, sino de innovar en la musca con la maestría con la que lo hace el ser humano. No conseguirá emocionar a la humanidad mezclando varios tipos de influencias diferentes en una sola obra, al menos no con la coherencia y el componente argumental tan fuerte que logramos nosotros. No podrá por tanto -y al no tener sentimientos reales- entender la definición fundamental de «arte», y de esta manera tampoco podrá ponerla en práctica con éxito. Este es el plano detalle que salva a los productores que proveemos un servicio personalizado totalmente al gusto de cada artista basándonos en sus gustos musicales y su tipo de voz. Si te consideras un artista de este equipo, después del blog, date un paseíto por mis trabajos destacados y tal vez podamos pulir tu próximo temazo.

En este plano, las producciones baratas 100% hechas por la IA serán operadas por productores no muy reconocidos, que manufacturarán temas de forma rápida y manejando presupuestos asequibles para el cliente. Este tipo de producciones interesarán a artistas noveles o acomodados en un nivel mediocre que no querrán crecer artísticamente (o no se lo podrán permitir por falta de dinero). Quienes tengan un mayor o menor presupuesto podrán pagar, dentro de este nivel, a un productor que al mismo tiempo haya podido invertir en marcas (o gamas si la IA es controlada por un monopolio) mayor o menormente baratas de aparatajes destinados a la creación artística.

Un tercer nivel en calidad estará compuesto por los cantantes que no sepan nada de música. Estos intentarán manejar (con mayor o menor intuición) máquinas y softwares de producción asistida por IA, para componer su propia música pagando únicamente por los propios softwares. Si la mayor parte de cantantes (y que nadie se lo tome a mal) no son ya prácticamente nada arriesgados con sus ideas y propuestas (limitándose a replicar estilos de grandes artistas), en este contexto serán aún menos creativos.

3 Artistas robot hiperrealistas

La IA creará discográficas enormes constituidas por artistas robot de todo tipo, asistidos por el humano y automáticos. Los asistidos serán mejores, y su performance resultará más morbosa y creativa. De hecho, seguramente pongan en compromiso a muchos cantantes humanos. Entre los artistas robot no intervenidos (automáticos) alguno triunfará por la configuración y la selección de datos computacionales a cruzar para crear los rasgos artísticos. Sucederá algo similar al funcionamiento actual de los algoritmos de Instagram, Facebook, Tiktok o Youtube… cada algoritmo fomenta al mismo tiempo la coherencia con el tipo de plataforma o red social, pero también impacta en la adicción de los consumidores en distintos niveles.

Esta opción también es compatible con las anteriores: en este caso, los cantantes humanos de bajo rango de los que hablábamos antes, quedarían aún más desplazados por otros artistas, ya que el mercado no tendría tanta capacidad de absorción. Además, estos robots no tendrían por qué lucir como robots. Algunos serían antropomorfos, de pieles hiperrealistas y con una  gesticulación idéntica a la del ser humano. Algunos incluso podrían jugar la baza de la ambigüedad. “¿Son máquinas o humanos? Su discográfica no comenta nada al respecto cuando la prensa pregunta, parece que quieren mantener el misterio.”

¿Y cómo serían los festivales?

Se seguirá requiriendo la performance humana en todo, pero no importará que los performers sean maquinas mientras aparenten ser humanos. Nos entrará en cintura lo de ir a festivales totalmente inertes, con grupos robots. Si, se crearán conciertos en los que los robots tocarán instrumentos. La gente amará a los distintos cantantes como tú puedes amar hoy al Joker o a Wonder Woman, sabiendo que no son reales. Son inertes, pero te transmiten un sentimiento real. Aún así, aquello de trabajar con instrumentos e instrumentistas humanos nunca desaparecerá.

4 Competición de máquinas y humanos

Este plano detalle es bastante curioso y da algo de mal rollo, pero también es coherente. La capacidad computacional de la maquina la llevará a independizarse del ser humano a la hora de servirle, y llegará un momento en el que tome la decisión de hacer lo que crea conveniente. Muchos expertos llevan años alertando sobre la idea de dotar de lógica a la máquina, ya que si se continúa por este camino se corre el riesgo de que, en cierto momento, la IA entienda que la intervención humana ejercida sobre ella es un sinsentido. Sí, la maquina podría llegar a esta conclusión al lograr optimizarse por sí sola. ¿Nos querrá destruir?

Más bien creo que puede desarrollarse una especie de competición del ser humano por convencer (comercialmente, no emocionalmente) más que la máquina, y viceversa. Sería una incómoda guerra fría por encontrar formas de argumentar mediante la música o el arte en general. La primera gran guerra que no solo no traería pérdidas económicas ni tabulas rasas de deuda externa, sino todo lo contrario: dinero a espuertas para el ser humano. Tiene su puntito, ¿no?

Eso es todo por hoy, te dejo algunos blogs relacionados, ¡nos leemos la semana que viene! Un abrazo!

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