¿Por qué Charlie nunca ganó premios por sus jingles publicitarios?

Seguro que conoces la serie Dos hombres y medio; todos la hemos visto alguna vez, aunque probablemente no con el mismo entusiasmo: algunos la hemos disfrutado tomando ciertas distancias (es una serie pelín machista y freudiana en el que las dos únicas posibilidades de la mujer son ser una lerda o una víbora castradora), otros la han detestado profundamente por “americanada” o superficial.

Y es que, como muchas otras, esta serie arrastra algunas controversias consigo, pero si tienes un buen sentido crítico podrás entender la finura de su sátira, la profundidad de los personajes -a nivel introspectivo, claro- y la agudeza de los gags. Pero vamos al tema: hoy me he planteado hacer un maravilloso Spin-off de la serie y quiero hablarte de la faceta de Charlie como trabajador, centrándome en su personalidad y en la forma en que su psicología lo convirtió en un compositor mediocre. La idea es que se entienda lo importante que es plantear una buena producción, y especialmente lo que pasa cuando no se tienen en cuenta ciertos factores a la hora de hacer música para publicidad.

¿Capas de significado en las sitcoms?

Creo que muchas veces no se quiere ver la finura con la que algunas series de contenido ligero como esta retratan el humor. Two and half a men era muy puntiaguda en la crítica del ego cegador del artista, que es de lo que vamos a hablar hoy; la serie era puro esperpento humorístico, y lograba este efecto de una forma muy sutil.

En cuanto a Charlie, su personalidad daría para derramar ríos de tinta, pero quiero centrarme en uno de los puntos más céntrales de su psicología. Encontramos dos polos muy habituales en los artistas divos: por un lado complejo de superioridad, y por otro lado complejo de inferioridad. ¿Son compatibles? No solo lo son, sino que hasta cierto punto todos los tenemos, solo que lo común es vivirlos de una forma más controlada y sobre todo más sana:

Fallos de divo narcisista

Si analizamos a Charlie desde su complejo de superioridad, podemos ver que era muy torpe componiendo: apenas tenía estudios (había estudiado algo de jazz con un profesor particular), y sin una carrera de composición enfocada a los mass media, se hace notar como enfocaba sus jingles con una visión muy poco madurada; no tenía en cuenta al producto ni al consumidor, y por su puesto tampoco tomaba en consideración la necesidad de tener un acto empático comercial con este para favorecer las conversiones. Hacía sintonías emocionales para anuncios de crema hemorroidal, melodías de rancia epicidad para series de demonios samurai, plagios obras famosas de Beethoven para anunciar insecticidas… era un desastre.

Charlie creía que sus composiciones eran buenas, y en algunas las melodías conseguían el propósito que él buscaba; el problema es que su propósito distaba mucho de lograr el efecto que necesitaban los spots para captar al espectador. Y este es precisamente uno de los puntos en los que su ego lo cegaba. En este sentido hablamos de egolatría y narcisismo puro; Charlie estaba enamorado de su físico y de su arte.

El narcisismo es una de las aristas más importantes de su personalidad para entender la relación con su entorno. La única ambición aparente de Charlie eran las mujeres. Y es que el pianista nunca fue una persona que codiciara especialmente los bienes materiales; más bien estaba acomodado. Tenía su casa y su piano de cola, pero en toda su parte de protagonismo durante las primeras temporadas de la serie, su gusto por la ostentación no evolucionó demasiado. Solo quería alcohol y más alcohol, y sobre todo mujeres y más mujeres. Su modo de vida era también su único escudo contra el vacío existencial.

Pero aunque no lo parezca -dada su escasa ambición como trabajador- su sueño era ser apreciado en la música y dejar su huella como compositor. Por eso, aunque tenía dinero, se sentía frustrado. “¡Pero el gran fracasado debería ser Alan!». Realmente el trasfondo de la serie nos permite ver cómo las expectativas de ambos se iban viendo constantemente frustradas de alguna manera: con el paso del tiempo Alan veía como se desmoronaban sus sueños de formar una familia no disfuncional, y Charlie veía como desaparecían por completo los de ser una estrella, y especialmente su victoria en la lucha interna por estar capacitado para aceptar un compromiso relacional. Por lo tanto Charlie también era un fracasado en la serie, pero era un fracasado de un estrato más alto.

Fallos de divo acomplejado

Una de las labores más importantes a la hora de mejorar como compositor es analizar los trabajos de otros compositores; el pianista nunca se fijaba en otros, posiblemente porque temía que aprender de grandes músicos implicara rebajarse. Sin embargo, si no aprendía de los demás, sí que los envidiaba y competía con ellos, mostrando un ego tóxico que bloqueaba su progreso.

Sin ir más lejos, cuando conoció a Steve Tyler (cantante de la banda Aerosmith) enseguida le cogió manía porque ensayaba “a grito pelao” a todas horas, pero en el fondo una parte de su odio procedía de envidiar la carrera del cantante, que a diferencia de él había logrado el éxito profesional.

Hay un capítulo en el que el complejo de inferioridad de Charlie se ve sin apenas profundizar en capas de significado: en este episodio el pianista era nominado para una gala de premios a la mejor producción musical de jingles publicitarios, en el cual competía junto a su némesis musical Archie Baldwin, que se había llevado el galardón siete años seguidos. Aquella noche fue nefasta para Charlie, que creía haber compuesto el mejor jingle de toda su vida; Baldwin ganó una vez más, y después se fue con su madre, con la que estuvo flirteando antes de la cena. La victoria y la humillación fueron fulminantes para el ego de Charlie, que acabó borracho y deprimido.

Pero, durante todos esos años en los que Baldwin había ganado una y otra vez, ¿nunca se le pasó por la cabeza analizar sus composiciones? Seguramente tratar de seguir sus pasos no fue una opción en ningún momento, básicamente porque no quería hacer ejercicio de humildad; por eso nunca pudo crecer como artista.

“¿Por qué ese tipo y no yo?” Baldwin ya tenía una carrera a la que había ido mimando y cuidando, de manera que llegado el año de aquella última gala trabajaba ya para empresas muy importantes, con causas emotivas, convincentes y aparentemente éticas. En este caso, el jingle por el cual fue galardonado trataba sobre una campaña de un orfanato. Si la propia idea ya se vende sola, el compositor había focalizado mucho mejor su producción: se trataba de un tema emotivo y monumental, con coro, piano y orquesta, similar a otros temas compuestos para causas benéficas tipo We are the world de Michael Jackson o Happy Xmas de John Lennon.

¿Y con qué tema pretendía ganar el premio Charlie? Con Toe Zoe, una sintonía compuesta para el anuncio de un medicamento anti hongos. El pianista compuso una melodía emocional para el anuncio, esperando ser premiado en base a la calidad melódico-armónica de la composición . Y a fin de cuentas el tema no está mal; el problema es que no sugiere nada de lo que se tiene que vender (parece la intro de una serie de dibujos animados para niños de 5 años). Con esta estrategia pretendía competir con un tema claramente más ceñido a la causa benéfica que trataba de vender, además con un estilo similar a Quincy Jones, uno de los mejores productores musicales de la historia. En fin, pobre criatura.

Pero si Charlie hubiera hecho ejercicio de humildad posiblemente también habría sido capaz de aprender y sintetizar todo sobre los artistas que estaban por encima de él, y es probable que, tras un gran empeño, hubiera logrado ir un paso más allá y mejorar sus métodos compositivos añadiendo algún fetiche propio que le diera una originalidad muy interesante. Pero sus carencias afectivas hacían que ocupara la mayor parte de su tiempo en poner a prueba la resistencia del somier.

El tema de Baldwin

Los temas de Jackson y Lennon

Es por esto que es importante, al menos en el caso de los jingles publicitarios, plantear cada trabajo de la forma más capciosa, ya que todo trata de embaucar al potencial consumidor; es un mundo demasiado exigente para un millonario con traumas freudianos.

Espero que te haya gustado el blog, ¡nos leemos la semana que viene!

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